sábado, 26 de septiembre de 2009

Nan González y el videoarte ecológico Amor Fuerza y Poesía




Nan González es una mujer venezolana que se ha dedicado a su pasión: mostrar su preocupación medioambiental a través del videoarte. Ha sido pionera de esta expresión artística en el país y un referente en el exterior. Para ella no existe arte sin compromiso, cosa que puede decir con total propiedad, puesto que sus obras son un grito desesperado que le mete el dedo en el ojo al silencio, a la negligencia y a la apatía para hacernos reaccionar del mal que le estamos haciendo al planeta con nuestras acciones. Su videoartista favorito es Bill Viola, apoya firmemente la trascendencia del espíritu y en que estamos aquí, con este cuerpo como un vehículo, para crear y expandirnos. Para ella lo fundamental en la vida es respetar al otro, sea éste un animal, una planta o un glaciar. Y de eso va su obra, de la cual nos habla con profunda fuerza, optimismo y esperanza.

Ya que has incursionado ampliamente en otras áreas de la creación como la pintura y el cine, ambos con la imagen como protagonista ¿cómo y por qué llegas al videoarte?

Llego al videoarte por medio de la fotografía. Ya había estudiado cine y video en los 80s y me di cuenta que estas herramientas son extraordinarias para hacer llegar un mensaje de forma inmediata, porque creo que ése es el propósito del arte: crear conciencias o en todo caso abrirlas para llegar a la comprensión de lo que sucede en el planeta hoy día. Uso el videoarte para este fin ya que es un espacio de creación súper amplio y rico, en el que puedo capturar un pedazo de la naturaleza sin dañarla, sin matarla y congelarla así, para que a través del tiempo se pueda disfrutar y siga transmitiendo la inquietud que desde el principio me empuja a hacer estas piezas. El propósito firme es el de llegar a la gente con un mensaje pues no creo en el arte que no está comprometido con una lucha social y espiritual, que no tenga un fundamento holístico y filantrópico, el arte debe remontarnos a nuestras raíces, hacernos deslindar de tanta parafernalia política y consumista que nos sumerge en una especie de matrix, en donde olvidamos quiénes somos y qué es lo que verdaderamente importa en la vida… y nos debe hacer pensar. Pensar en que sí podemos cambiar las cosas.

¿Cómo ha sido tu experiencia como videoartista en Venezuela, donde este campo no ha sido tan explorado como otros?

La experiencia acá en el país ha sido difícil, pero eso me plantea también un reto: el de convertirme en un motor individual para hacer y mostrar mis obras. El gran problema que se presenta en Venezuela, es que no existe una especialización en el videoarte y por ello no se aprecia tanto pues no hay conocimiento de lo que representa, el proceso que involucra, la manera tan efectiva como se puede transmitir un mensaje a través de él, todo el esfuerzo que conlleva crear y montar una pieza; y el tratamiento del tema central del videoarte, que al final del día es lo que más cuenta en la obra.

Lo que me llena de satisfacción es que adonde quiera que vaya con mi trabajo, está presente Venezuela porque no puedo abandonar mi nacionalidad que con tanto orgullo llevo. De igual manera, en 2005 tuve la oportunidad de presentar aquí Titanes de hielo, en el Museo de Arte Contemporáneo, donde encontré mucho apoyo para el montaje y curaduría de la obra. Pero eso fue en ese entonces, porque poco después de los Titanes, vino a Venezuela la convocatoria para las bienales de Venecia y Sao Paulo -donde se iban a exponer obras que hablaran abiertamente el problema ecológico- y por situaciones que no entiendo, soslayaron estas piezas que gritan de sufrimiento por el dolor de mostrar al mundo morir. Así que eso me dio noticias de que desgraciadamente acá no se están apoyando a los artistas que hacen cosas serias y deslindadas de presiones políticas, cosa que me da mucha tristeza porque un artista debe ser completamente libre, sino deja de serlo. Nadie puede parar, limitar o coartar la libertad de creación interior, los pensamientos que vienen cargados de ansias de expresar tanto inconformismo con la realidad del mundo y lo que se puede hacer para mejorarlo. De manera que no se le puede exigir al artista que sea complaciente porque de esa manera no se está haciendo arte y, lamentablemente, es de esto de lo que estamos llenos en esta época.

¿A partir de qué momento decidiste incorporar el tema del cambio climático a tu obra?

En el momento que me di cuenta de los efectos y comencé a vivir esta realidad. Entonces pensé que si yo soy artista y tengo esta capacidad de expresión debo aprovecharla para crear una cultura de preservación. Para mí esos glaciares están vivos y verlos desmoronarse de esa manera es como ver morir a un animal. Lo cual me lleva a otro punto que me preocupa muchísimo y es esa ansia del hombre por querer matar a todo lo que no se parece a él, ese deseo insaciable de querer poseerlo todo, de ser el dueño absoluto de toda forma de vida en este planeta, hasta de lo más diminuto. Ser consiente que hay muchísima gente que mata un tiburón para cortarle la aleta y hacer con ella una sopa y arrojarlo de nuevo, malherido al mar; de la matanza indiscriminada de ballenas, de delfines, de osos polares, de animales que se matan para adueñarse de su belleza, todo por el consumismo salvaje. Esto debe parar y yo como artista siento una gran responsabilidad de contribuir, no con un grano, sino con una montaña de arena para que cambie, porque así no podemos seguir, sin respetar la vida del otro, sea éste un ser humano o una foca. Tomar razón de la otredad, ése es uno de mis objetivos: transmitir este compromiso hacia quienes ven mi obra, puesto que en ellos y en sus acciones donde reside el futuro del mundo.

Al ver la pieza Almas en deshielo se puede notar que el tratamiento de un tema tan trágico como lo es el calentamiento global es sumamente poético... ¿tú crees que es una cualidad del videoarte sublimar el tema que trabaja o fue una estrategia tuya para abordar éste en específico?

Es una estrategia para expresar lo que yo creo en torno a este tema. Sin embargo, la sublimación de estas imágenes no oculta, sino que de alguna manera resalta el dramatismo de esta realidad. Como darnos cuenta de que el cambio climático es una verdad de la que no podemos escapar es un choque tan fuerte, decidí trabajar con una estética bien elaborada, con música que eleve al público, pero con la firme convicción de que es un vehículo para sensibilizar y de impregnar al espectador de fuerza, dolor, de poesía.

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Decidiste ir hasta Ushuaia para retratar y vivir todos estos desafortunados impactos ambientales... seguramente fue una experiencia que también ha dejado un impacto en ti. ¿Podrías contarnos un poco sobre esto?

Esa fue una experiencia de la cual aprendí muchísimo, estar allí, en contacto con toda esta naturaleza tan imponente pero tan frágil al mismo tiempo es una aventura que le cambia a uno la vida. Porque te das cuenta que eres sólo un diminuto punto en toda la anchura del universo, y que si seguimos como vamos, esta inmensidad se nos puede venir encima en cualquier momento. Fue un viaje al centro de mí misma, que me puso en consonancia con quien soy verdaderamente y creo que al mostrar la obra eso se nota y ello es lo que deseo compartir. Aprendí que el individualismo no nos va a llevar a ningún lado, tenemos que pensar y sentir globalmente para cambiar nuestra lastimosa realidad. Ponerme en el lugar de un delfín al que se le asesina, de un oso polar que se queda sin hielo donde vivir, me propuso hacer un profundo análisis y replantearme la misión que tiene la vida: la de evolucionar al unísono con el planeta en vez de acabar con todo lo que generosamente éste nos da. Fue una experiencia sanadora.

¿Tienes alguna pieza de tu autoría que sea tu favorita o que en todo caso te guste más que otras?

Sí. Titanes de Hielo es mi favorita porque es la más contundente en contenido, en ella está reflejado concretamente todo lo que veo y siento que está ocurriendo en el planeta. Con una estética muy trabajada, muestra una realidad muy fuerte, estremeciendo a cualquier persona que la ve debido a su gran sensibilidad… y si existe alguien que no la tenga pues la consigue con esta pieza. Almas en deshielo también me gusta mucho, pero lleva a otros niveles de conciencia, es más esotérica, emana más sutileza, amor, ternura, donde hay un ser que canta y resulta que ese ser es el hielo. Me parece que ambas obras crean en el espectador un gran respeto por la naturaleza y conmueven por su estética y su contenido pues han sido creadas con un fin social.

La presencia de una mujer en este campo es bien importante e interesante, yo particularmente considero que la presencia del género en el arte influye mucho ¿cómo ves tú eso? ¿Crees que el hecho de ser mujer ha influido de alguna manera en tu carrera?

No creo que el género tenga nada qué ver con el arte. Ahora bien, es una realidad que en éste, como en todas las otras áreas de la vida, a la mujer le ha tocado luchar más que al hombre por ganarse un nombre y abrirse paso. A mí en lo particular el género no me ha ayudado mucho, me ha tocado guerrear más, pero al final es eso lo que caracteriza a una mujer, ¿no? Ser una luchadora incansable, capaz de medírsele a cualquier batalla. Yo creo que el arte no debe tener sexo, no veo limitaciones de género porque aquí lo único que importa es el ser, un ser creador con un talento infinito, porque la sensibilidad se lleva en el alma y el alma no tiene sexo.


Por último, ¿cómo crees tú que se podría enfrentar eficazmente estos problemas ambientales que nos aquejan y amenazan desde los puntos de vista pragmático y artístico?

Tomando conciencia de lo que está pasando y colaborar para mejorar la situación. En sensibilizar y enseñar a la juventud y a los niños que ellos tienen en sus manos el futuro y que, en todo caso, son quienes más sufrirán las consecuencias de este caos sino se le pone un alto desde ya. Inculcarles a ellos y a todos los ciudadanos del mundo en que al hacer un servicio al otro cambia nuestra perspectiva, deslastrarnos del egoísmo, pensar globalmente, ser consientes de la condición del otro, de que nos podemos ayudar mutuamente para sanar nuestros problemas si dejamos de ser tan individualistas. El arte es una bondad sublime, una herramienta para expresar una realidad, un propósito y por ello hay que usarlo como vehículo para hacernos consientes. Yo tengo una experiencia que puedo transmitir y mediante el arte siento que puedo cambiar conciencias. Lo más importante en esta la vida es evolucionar y nunca en ningún momento y bajo ningún pretexto abandonar la fe y la esperanza de que todo siempre puede estar mejor.

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